... un pívot de los Knicks tuvo que pedir prestadas unas zapatillas a un aficionado para jugar?
En diciembre de 1968 cuatro estudiantes universitarios decidían hacer autostop desde Syracuse para ver un partido de los Knicks. Lo que nunca habrían imaginado es que les tocaría verlo desde la primera fila. Seis horas después de iniciar su camino llegaban al Madison Square Garden, y mientras buscaban sus asientos Nate Bowman, el sustituto natural del pívot Willis Reed se acercó hacia el más alto de los cuatro. "Hey chaval, eres bastante grande, que número de zapatillas llevas"
Rich perplejo se disponía a mirar sus nuevas Converse, cuando Bowman no le dejó articular palabra "Estoy seguro que me sirven".
Resulta que alguien había robado las zapatillas de Bowman, y ningún compañero tenía de su talla. Bowman jugó (y ganó el partido) con las Converse de Rich, cerrando el trato con entradas de primera fila para tres partidos de su elección.
miércoles, 14 de abril de 2010
miércoles, 7 de abril de 2010
Kari Liimo: La Conexion Finlandesa de Brigham Young
En pleno corazón de la población de Provo, a 69 kilómetros de Salt Lake City, se encuentra desde 1875 el campus de Brigham Young (BYU), una universidad marcada por su fuerte carácter religioso. Prácticamente el 99% de sus estudiantes son miembros de la Iglesia Mormona de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, lo que entre otras cosas les lleva a tomarse un descanso de 2 años en sus estudios para dedicarse a las Misiones Mormonas.
Afortunadamente en la idiosincrasia mormona el deporte ocupa un papel importante, y prueba de ello es el equipo de baloncesto de los Cougars de Brigham Young, fundado en 1903. Alma Mater de jugadores como Danny Ainge, Shawn Bradley, o Travis Hansen está viviendo una etapa brillante con 3 títulos de la Mountain West Conference y 4 presencias consecutivas en el March Madness en las últimas temporadas, aunque lejos quedan los grandes éxitos en forma de campeonatos de NIT (National Invitational Tournament) cosechados en 1951 y 1966.
En Europa, Brigham Young es conocida en el mundo del baloncesto desde hace unas décadas por ser la universidad donde jugó la estrella croata Kresimir Cosic, uno de los precursores en dar el salto a la NCAA , pero antes de Cosic hubo algunos jugadores que gracias a la decisiva intervención de Bob Peterson le mostraron el camino.
“The World is our campus” (El mundo es nuestra ciudad universitaria) es una de las inscripciones que hay a la entrada de la universidad, y desde hace mucho tiempo más de un entrenador la ha tomado al pie de la letra.
Nos remontamos hasta los años 50. Bob Peterson, un ex-jugador de los Cougars de 1948 está de misionero en Finlandia. Además de sus tareas religiosas mata el gusanillo entrenando, cosa que no se le tuvo que dar nada mal, ya que fue designado como seleccionador. Con poco más de una década de historia del deporte de la canasta en tierras finlandesas, la selección es capaz de conseguir un meritorio noveno puesto en el europeo de Paris 51. El año siguiente como anfitrión de los JJOO de Helsinki perderían sus 3 partidos (-18 contra México, -12 contra la URSS y -1 contra Bulgaria). Poco después Peterson volvía a casa, pero transcurridos unos años regresaría a Finlandia para casarse y establecerse allí definitivamente, convirtiéndose en un exitoso hombre de negocios ¡gracias a la comercialización de las palomitas de maíz! Por supuesto, no dejaría de lado ni al baloncesto (se quedó como ayudante del seleccionador Kalevi Tuominen) ni a sus viejos amigos de Brigham Young. Comenzaba la etapa en la que Peterson ejercería de eventual ojeador de talentos finlandeses, especialmente de atletas y jugadores de baloncesto.
En enero de 1958 Timo Lampen llegaba a Brigham Young, aunque no jugó a baloncesto hasta la temporada 1958-59. Aunque es muy difícil de precisar, seguramente estamos ante uno de los primeros jugadores europeos que jugó en un equipo de NCAA I. Tras regresar 1 año a Finlandia por los problemas de salud de sus padres, volvió a finales de 1960 para disputar su única temporada con el primer equipo, promediando algo más de 5 puntos en 22 partidos. Su paso por el conjunto mormón habría quedado en una simple anécdota, pero Lampen se convirtió en el primer eslabón de la cadena que continuaría Kari Liimo.
A comienzos de la década de los 60 Bob Peterson vivió en primera persona la irrupción del hermano pequeño del internacional Marty Liimo. Kari medía 2 metros , pero a pesar de dominar los tableros no era el típico poste sin movilidad, sino un auténtico cañonero al que le gustaba moverse en ataque por posiciones exteriores, llegando a promediar más de 30 puntos en liga con el equipo campeón de Helsinki. Poco tardaría en destacar a nivel internacional, siendo uno de los máximos anotadores en los europeos de 1963 y 1965, así como en los Juegos de Tokyo, donde por ejemplo anotó 19 puntos contra una selección americana encabezada por Bill Bradley. Peterson no tenía dudas de la valía del jugador, y lo recomendó al entrenador Watts para que le ofrecieran una beca en BYU.
Con 21 años Liimo llegó a la ciudad de Provo en octubre de 1965. A diferencia de Timo Lampen que en su primer año aún estudió High School, comenzó enseguida con sus estudios de Tecnología Industrial en la universidad de Brigham Young. Estudios que obviamente combinaba con su participación en el equipo varsity de los Cougars (en aquellos tiempos los jugadores de primer año no podían jugar con el equipo senior de la universidad). Sin ningún síntoma de falta de adaptación, y haciendo valer su mayor experiencia, Liimo acabaría destrozando todos los records anotadores del equipo de novatos con un total de 342 puntos y una media de 24,4 por partido.
“Liimo juega al baloncesto como nuestros chicos de Utah. No es el típico estudiante de intercambio, el ha venido a los Estados Unidos a jugar a baloncesto”
Desde su debut con los seniors (8 puntos) en el que Liimo ya salió como titular, el entrenador Stan Watts tenía claro que aquel chico finlandés iba a ser muy importante en su equipo. Watts no era un entrenador cualquiera en Brigham Young, dirigió a los Cougars durante 23 temporadas (1949-1972) y desde 1986 es miembro del exclusivo Basketball Hall of Fame.
El 26 de diciembre llegaba la primera prueba de fuego, el Holiday Festival que se iba a disputar en el otro extremo del país, en un escenario de lujo, el Madison Square Garden de Nueva York. Liimo mostró su mejor repertorio anotando 27 puntos contra St. Josephs y 24 puntos contra St. Bonaventure.
“La lista de los All-American se verá diferente dentro de 2 años, cuando encontremos en ella a un alero finlandés”
La prensa no tardaría en encumbrar al nuevo “Finlandés Volador”. El entrenador Watts no dudaba en afirmar que era el mejor jugador del equipo, y no era extraño ver su nombre compartiendo líneas en la prensa con otros sophomores brillantes como Butch Beard, Lucius Allen o el propio Lew Alcindor.
La temporada acabaría bien tanto en lo individual como en lo colectivo. BYU empataba con Wyoming 8-2 en la clasificación de la WAC (Western Athletic Conference), y tan sólo un partido de desempate les apartó del torneo final de la NCAA. Por su parte Liimo finalizó con una media de 13,6 puntos con un extraordinario 52% en tiros de campo, que le bastó para ser el único sophomore elegido en el quinteto ideal de su conferencia, donde compartió protagonismo con la futura estrella de la ABA Mel Daniels.
Con la llegada del verano del ’67 se ponía en marcha la temporada de los Cougars, con una gira exótica de casi 2 meses que comprendía 25 partidos en lugares como Australia, Japón, Korea, Filipinas o Hawaii. A Liimo le tocaría alargar el viaje con una última cita ineludible: el europeo de Helsinki. La selección finlandesa haría historia en casa con un 6º puesto final, liderados por los 14 puntos y 10 rebotes de media de su alero más internacional. Una de sus víctimas fue la selección española de Nino Buscató, Alfonso Martínez y Emiliano entre otros, que fue derrotada 76-69 en el quinto partido de la liguilla.
La convivencia estival no fue suficiente para paliar las carencias de un equipo tan inexperto como los Cougars de la 67-68. Con cuatro titulares recién graduados, la irregularidad fue la nota predominante, y a pesar de algunas victorias de prestigio contra Xavier y Virgina Tech a principios de temporada, el equipo tocó fondo en la temporada regular de la WAC acabando con un balance de 4-6. Al igual que en su primera temporada, Kari Liimo tuvo sus mejores actuaciones a finales de diciembre, cuando anotó 24, 20, 29 y 19 puntos en el torneo de Oklahoma City. Pero ni siquiera le quedó el consuelo de los galardones personales, siendo nombrado sólo para el segundo quinteto de la WAC a pesar de haber mejorado sus números hasta 17 puntos y casi 10 rebotes por partido. De todas maneras aún le quedaba su año senior para resarcirse e intentar devolver su nombre junto a la élite universitaria.
En el final de su andadura en BYU, Liimo se vería acompañado de su compatriota Veikko Vainio, un pívot ya internacional con Finlandia de 2,08 que había actuado el año anterior con el equipo de novatos de la universidad. Aunque el verdadero salto de calidad en el equipo lo iba a dar el californiano Paul Ruffner, un pívot que llegaba del Cerritos Junior College y que acabaría teniendo una breve carrera profesional en la NBA y la ABA. Pero ni la proyección del equipo, ni la presencia de Vainio, ni siquiera la gran ayuda de Ruffner conseguirían que Liimo recuperara la proyección de su primera temporada. A diferencia del resto de sus jóvenes compañeros que mejoraban el rendimiento de la temporada 67-68, el senior finlandés por momentos daba muestras de su peor nivel.
A mitad de enero de 1969 llegaría su punto más bajo, tras anotar sólo 1 canasta en la visita a Utah State. En el siguiente partido contra Wyoming, Watts dejó a su estrella en el banquillo por primera (y única) vez en su carrera. Liimo respondió con 12 puntos, y supo tomarse este toque de atención como un punto de inflexión para el resto de la temporada. Unos partidos más tarde contra St. Francis se iba hasta los 34 puntos, su máxima anotación universitaria, 31 contra Arizona en una serie de 14-18 en tiros… estaba claro que su muñeca volvía a estar engrasada.
Los Cougars estaban completando una gran temporada, y al final quedaron empatados con Wyoming como campeones de la WAC Conference. Repitiendo la misma situación que habían vivido en 1967, ambos equipos se veían abocados a un partido de desempate para conseguir una plaza en el torneo de la NCAA. Era evidente que Liimo no quería graduarse sin haber jugado en el March Madness. Tras ir perdiendo por 7 mediado el segundo tiempo, BYU remontó gracias a los 14 puntos en los últimos 6 minutos de su alero finlandés (27 en total) hasta el 95-82 final. El punto y final a su carrera llegaría después de anotar 18 puntos en la derrota contra una New Mexico State (62-74) con el futuro NBA Sam Lacey como protagonista.
Liimo cerraba su etapa americana como el tercer máximo anotador de la historia de Brigham Young, siendo además elegido en el 97º puesto del draft de 1969 por los Lakers y en las últimas rondas del draft de la ABA por los Minnesota Pipers. Nunca consiguió alcanzar la repercusión deportiva que se le presumía tras sus primeros partidos pero, al igual que los Martín o Glouchkov de décadas posteriores, fue un pionero que facilitó el tránsito entre el baloncesto europeo y el americano. En BYU seguirían con la tradición de importar europeos, con un Kresimir Cosic que tomó el relevo de Liimo a principio de los 70 para elevarse hasta la categoría de leyenda universitaria. Y por supuesto los finlandeses también siguieron entrando en el equipo. Hasta un total de 7 han pasado por la ciudad de Provo, destacando a Kalevi Sarkalahti (drafteado por los Suns en 1973) y a Timo Saarelainen, que llegó a ser jugador del año en la conferencia y elegido en el draft de 1985 por los Lakers.
A Kari Liimo aún le quedaban muchísimos años de relación con el baloncesto. Hasta 1975 estuvo en activo y desde entonces ha entrenado en diferentes equipos de su país, así como a la selección finlandesa. También tuvo tiempo de dejar su impronta en España, donde vino en 1970 a jugar una eliminatoria de Recopa contra el Joventut de Badalona, anotando 31 puntos en la ida y 36 en el partido de vuelta en Finlandia. Años más tarde en 1988, ya como entrenador, su equipo se enfrentaría en Copa de Europa contra el Barcelona de Aíto. En la plantilla catalana estaba Steve Trumbo, uno de los primeros americanos de Brigham Young que daba el salto al baloncesto de élite europeo. El círculo se cerraba por completo.
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miércoles, 31 de marzo de 2010
¿Quién dijo... (9)
... "si no eres capaz de ser seleccionado para el All-Star Game, entonces ¿por qué te estoy pagando todo este dinero?"
Stan Kasten, General Manager de los Atlanta Hawks, contestando a la petición de Dominique Wilkins de ganar un bonus en su nuevo contrato por su participación el en Partido de las Estrellas.
En 1986 tras 4 años en la NBA Wilkins recibía un nuevo contrato que le iba a reportar 6,3 millones $ en las siguientes 5 temporadas. Dominique se regocijaba de haber sacado ese contrato sin contar con ningún agente "los jugadores somos más inteligentes después de haber pasado varios años en la liga", pero la historia no era así realmente. Tras romper unas negociaciones en 1985, el propio Kasten aseguraba que ya había hablado con 6 ó 7 agentes diferentes que representaban a Wilkins, pero la persona con la que había tenido más reuniones era la madre del jugador, la que realmente decidía quién representaba o no a su hijo. Ella fue la artífice del contrato que llevaría a Dominique al Top 50 de la prestigiosa lista de los deportistas mejor pagados de 1988 de la revista Sport.
Cuando en 1989 Wilkins firmó con otro agente un nuevo -y último- contrato con los Hawks (14,5 millones $ por 5 temporadas), Kasten ya se daba por vencido. "Juro por Dios que ya he perdido la cuenta de los agentes."
Stan Kasten, General Manager de los Atlanta Hawks, contestando a la petición de Dominique Wilkins de ganar un bonus en su nuevo contrato por su participación el en Partido de las Estrellas.
En 1986 tras 4 años en la NBA Wilkins recibía un nuevo contrato que le iba a reportar 6,3 millones $ en las siguientes 5 temporadas. Dominique se regocijaba de haber sacado ese contrato sin contar con ningún agente "los jugadores somos más inteligentes después de haber pasado varios años en la liga", pero la historia no era así realmente. Tras romper unas negociaciones en 1985, el propio Kasten aseguraba que ya había hablado con 6 ó 7 agentes diferentes que representaban a Wilkins, pero la persona con la que había tenido más reuniones era la madre del jugador, la que realmente decidía quién representaba o no a su hijo. Ella fue la artífice del contrato que llevaría a Dominique al Top 50 de la prestigiosa lista de los deportistas mejor pagados de 1988 de la revista Sport.
Cuando en 1989 Wilkins firmó con otro agente un nuevo -y último- contrato con los Hawks (14,5 millones $ por 5 temporadas), Kasten ya se daba por vencido. "Juro por Dios que ya he perdido la cuenta de los agentes."
Domique Wilkins y Stan Kasten sonrientes en la rueda de prensa posterior a la firma del contrato de 1986.
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Quién dijo...
miércoles, 24 de marzo de 2010
¿Sabías qué... (9)
... hace años algunos contratos de la NBA tenían cláusulas realmente extravagantes?
Con los convenios colectivos de la época moderna (o la era de David Stern) los aficionados tenemos todos los detalles de la duración y remuneración de los contratos que firman los jugadores NBA. Como mucho se pueden escapar de la opinión pública alguna cláusula específica como un bonus por objetivos y la posibilidad de vetar traspasos con la que se blindan algunas estrellas, pero nada comparado con los 2 ejemplos que os traigo hoy:
- En 1980 Kevin Grevey, un apasionado del motor, no quiso firmar su renovación con los Washington Bullets a no ser que le garantizasen 2 asientos de primera fila para ver las 500 millas de Indianapolis.
- Cuando Kareem Abdul-Jabbar renovó en 1985 con los Lakers no dudó en incluir una cláusula en caso de traspaso, pero no me refiero a la posibilidad de impedir el traspaso. Kareem se garantizaba que si abandonaba la disciplina de los Lakers tendría derecho de reservar el Forum de Inglewood una noche para su uso y disfrute particular, y por supuesto gratis.
Con los convenios colectivos de la época moderna (o la era de David Stern) los aficionados tenemos todos los detalles de la duración y remuneración de los contratos que firman los jugadores NBA. Como mucho se pueden escapar de la opinión pública alguna cláusula específica como un bonus por objetivos y la posibilidad de vetar traspasos con la que se blindan algunas estrellas, pero nada comparado con los 2 ejemplos que os traigo hoy:
- En 1980 Kevin Grevey, un apasionado del motor, no quiso firmar su renovación con los Washington Bullets a no ser que le garantizasen 2 asientos de primera fila para ver las 500 millas de Indianapolis.
- Cuando Kareem Abdul-Jabbar renovó en 1985 con los Lakers no dudó en incluir una cláusula en caso de traspaso, pero no me refiero a la posibilidad de impedir el traspaso. Kareem se garantizaba que si abandonaba la disciplina de los Lakers tendría derecho de reservar el Forum de Inglewood una noche para su uso y disfrute particular, y por supuesto gratis.
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Sabías qué...
miércoles, 17 de marzo de 2010
Desenterrando las canastas de 3,65: Experimentando con los Hawks
Han pasado más de 100 años desde que el Dr. Naismith colgase las dos primeras cestas en un gimnasio de Springfield que sirvieron de pistoletazo de salida para el baloncesto. Desde aquel momento y hasta nuestros días, las reglas han ido evolucionando según las necesidades y el paso del tiempo. El bote del balón, la zona y su posterior ensanchamiento, el reloj de posesión, el juego por encima del aro y un largo etcétera de cambios han dejado el reglamento, o reglamentos, tal y como los conocemos hoy en día. Sin embargo, hay un elemento que 114 años después sigue inalterable: la canasta. Y no estoy comparando ni mucho menos aquellas cestas de melocotones de Naismith con las maravillas tecnológicas del S. XXI que soportan estoicamente los mates de Shaq. Me refiero a la altura de las mismas, esos originales 10 pies (3,05 de nuestra unidad métrica) que han permanecido inamovibles todos estos años.
Muchas personas creen que esta altura ha quedado desfasada para los físicos de los jugadores de nuestra época, y reafirman su teoría opinando que de haber conocido Naismith el arte del mate en su deporte, habría subido sus cestas mucho más arriba.
Pero estas voces discordantes con la altura de las canastas no son ninguna novedad. Ya en la década de los 30, el legendario entrenador de Kansas Phog Allen experimentó con canastas más altas para mejorar el tiro de sus jugadores. De hecho, Kansas llegó a jugar algún partido de exhibición con canastas que superaban por bastante los 3 metros, y su entrenador apostó sin acierto que en breve acabarían cambiando las reglas del juego para adoptar sus canastas.
Nos trasladamos a la década de los 50, en los albores de la NBA. Los hombres altos, y en especial George Mikan, dominan a sus anchas la competición. En 1951 se les obligó a alejarse del aro cuando se dobló la anchura de la zona, pero esta no fue la última medida que se probó.
Llegamos al mes de marzo de 1954. En Minneapolis se enfrentan los Milwaukee Hawks contra el equipo local, los Lakers. Este partido del tramo final de la regular season habría pasado inadvertido sino fuera porque la NBA iba a experimentar una serie de cambios en las reglas. La primera medida afectaba a las faltas personales. Los partidos se hacían muy pesados por la gran cantidad de tiros libres que se lanzaban, por lo que probaran una curiosísima norma para avivar el juego: durante el transcurso del primer y tercer cuarto no se lanzarían tiros libres, se apuntarían los totales, y al finalizar el primer cuarto se compensarían, y al final del tercero se lanzarían todos los acumulados en dicho periodo.
¿Muy enrevesado, no? Mejor ver un ejemplo práctico con el desarrollo del partido. Ah, por cierto, se me olvidaba un detalle, la altura de las canastas de ese encuentro fue de 12 pies, o lo que es lo mismo, 3.65 metros.
El partido comenzó con unos acertados Hawks que anotaron en sus tres primeros ataques (0-6), pero lógicamente no pudieron mantener ese ritmo. En el bando local, Mikan se peleaba con la canasta fallando todos sus lanzamientos. Al final del cuarto se llegó con un resultado de 10-12 a favor de Milwaukee. A cada equipo le correspondía lanzar 3 tiros libres, por lo que se compensaron y a seguir jugando.
En el segundo cuarto los Hawks tuvieron una máxima renta de 7 puntos (15-22), pero los Lakers empezaron a acostumbrarse a la nueva distancia y llegaron al descanso con tan sólo 1 punto de desventaja 26-27. Esta racha la prolongarían durante el tercer cuarto, coincidiendo con el despertar de un Mikan que por fin conseguía anotar tras haber fallado sus 12 primeros tiros. Además los Hawks sólo conseguían anotar 3 lanzamientos de 15 intentos. 40-33 reflejaba el marcador antes de que diera comienzo el carrusel de tiros libres, que a diferencia del primer cuarto, en esta ocasión no se compensaron y se tuvieron que lanzar en su totalidad. Minneapolis metió 5 de 5 (cuatro de ellos de Mikan), mientras que Milwaukee perdía la oportunidad de engancharse al partido fallando 7 de sus 10 tiros.
En el último periodo los Lakers consiguieron su máxima diferencia con un 53-41, y a partir de ese momento los esfuerzos de los Hawks para remontar de la mano de Bill Calhoun fueron en vano, y acabaron perdiendo 65-63.
Las reacciones negativas de los protagonistas no se hicieron esperar:
“Es la mayor farsa que he visto en el baloncesto profesional” –Ben Kerner, propietario de los Hawks-
“Ha sido un gran fracaso. Ni mucho menos ayuda a los jugadores pequeños. Beneficia a los reboteadores fuertes como yo, que tenemos una décima de segundo más para posicionarnos para el rebote” –Vern Mikkelsen, alero de los Lakers-
“Nadie metía la maldita bola. Los peores tiradores han sido los que han conseguido más canastas, y los grandes han seguido capturando todos los rebotes” –John Kundla, entrenador de los Lakers-
“Apesta” –George Mikan-
Los números apoyan las críticas de los presentes. Los equipos tuvieron un porcentaje de acierto del 30% en tiros de campo, cuando la media de la temporada superaba el 37%, y aún fue peor en los tiros libres, donde acertaron en un 56% de los lanzamientos cuando lo habitual era un 71%.
Los Milwaukee Hawks no tardaron mucho en quitarse la espina de aquella derrota, y ya con las canastas de toda la vida ganaron dos partidos seguidos a los Baltimore Bullets ... el día siguiente. Sí, no lo han entendido malamente. Tras su regreso de Minneapolis, en su casa les esperaba el último experimento que pondría en práctica la NBA aquella temporada: una doble sesión de baloncesto, con la peculiaridad de que ¡los contrincantes en los dos partidos serían los mismos!.
En una iniciativa sin precedentes en la NBA, Milwaukee y Baltimore jugaron dos partidos que consistieron en 4 cuartos de 10 minutos cada uno, 8 minutos menos de lo habitual. Curiosamente el desarrollo de los encuentros fue idéntico. Baltimore venciendo por 5 y 6 puntos al final del primer cuarto, y Milwaukee dándole la vuelta para acabar venciendo 64-54 en el primero y 65-54 en el segundo. Además, el máximo anotador de los Hawks en ambos partidos fue el exterior Bob Harrison, que consiguió 14 y 18 puntos respectivamente cuando durante toda la temporada promedió 6.
A pesar de la buena aceptación que tuvo este doble choque que presenciaron 12.000 personas, tal y como pasó con el episodio de las canastas, la NBA decidió no volver a repetir el experimento y dejar que el resto de sus partidos se jugaran con las reglas oficiales.
La próxima vez que veamos a algún entrenador NBA que diga que en el baloncesto actual hay menos espacio, y que se deben ampliar los límites del campo o reducir el número de jugadores, podremos replicarle: Sí, y de paso que suban las canastas y se jueguen los partidos de dos en dos.
-Publicado originalmente en enero de 2006 en enCancha.com-
Muchas personas creen que esta altura ha quedado desfasada para los físicos de los jugadores de nuestra época, y reafirman su teoría opinando que de haber conocido Naismith el arte del mate en su deporte, habría subido sus cestas mucho más arriba.
Pero estas voces discordantes con la altura de las canastas no son ninguna novedad. Ya en la década de los 30, el legendario entrenador de Kansas Phog Allen experimentó con canastas más altas para mejorar el tiro de sus jugadores. De hecho, Kansas llegó a jugar algún partido de exhibición con canastas que superaban por bastante los 3 metros, y su entrenador apostó sin acierto que en breve acabarían cambiando las reglas del juego para adoptar sus canastas.
Nos trasladamos a la década de los 50, en los albores de la NBA. Los hombres altos, y en especial George Mikan, dominan a sus anchas la competición. En 1951 se les obligó a alejarse del aro cuando se dobló la anchura de la zona, pero esta no fue la última medida que se probó.
Llegamos al mes de marzo de 1954. En Minneapolis se enfrentan los Milwaukee Hawks contra el equipo local, los Lakers. Este partido del tramo final de la regular season habría pasado inadvertido sino fuera porque la NBA iba a experimentar una serie de cambios en las reglas. La primera medida afectaba a las faltas personales. Los partidos se hacían muy pesados por la gran cantidad de tiros libres que se lanzaban, por lo que probaran una curiosísima norma para avivar el juego: durante el transcurso del primer y tercer cuarto no se lanzarían tiros libres, se apuntarían los totales, y al finalizar el primer cuarto se compensarían, y al final del tercero se lanzarían todos los acumulados en dicho periodo.
¿Muy enrevesado, no? Mejor ver un ejemplo práctico con el desarrollo del partido. Ah, por cierto, se me olvidaba un detalle, la altura de las canastas de ese encuentro fue de 12 pies, o lo que es lo mismo, 3.65 metros.
El partido comenzó con unos acertados Hawks que anotaron en sus tres primeros ataques (0-6), pero lógicamente no pudieron mantener ese ritmo. En el bando local, Mikan se peleaba con la canasta fallando todos sus lanzamientos. Al final del cuarto se llegó con un resultado de 10-12 a favor de Milwaukee. A cada equipo le correspondía lanzar 3 tiros libres, por lo que se compensaron y a seguir jugando.
En el segundo cuarto los Hawks tuvieron una máxima renta de 7 puntos (15-22), pero los Lakers empezaron a acostumbrarse a la nueva distancia y llegaron al descanso con tan sólo 1 punto de desventaja 26-27. Esta racha la prolongarían durante el tercer cuarto, coincidiendo con el despertar de un Mikan que por fin conseguía anotar tras haber fallado sus 12 primeros tiros. Además los Hawks sólo conseguían anotar 3 lanzamientos de 15 intentos. 40-33 reflejaba el marcador antes de que diera comienzo el carrusel de tiros libres, que a diferencia del primer cuarto, en esta ocasión no se compensaron y se tuvieron que lanzar en su totalidad. Minneapolis metió 5 de 5 (cuatro de ellos de Mikan), mientras que Milwaukee perdía la oportunidad de engancharse al partido fallando 7 de sus 10 tiros.
En el último periodo los Lakers consiguieron su máxima diferencia con un 53-41, y a partir de ese momento los esfuerzos de los Hawks para remontar de la mano de Bill Calhoun fueron en vano, y acabaron perdiendo 65-63.
Las reacciones negativas de los protagonistas no se hicieron esperar:
“Es la mayor farsa que he visto en el baloncesto profesional” –Ben Kerner, propietario de los Hawks-
“Ha sido un gran fracaso. Ni mucho menos ayuda a los jugadores pequeños. Beneficia a los reboteadores fuertes como yo, que tenemos una décima de segundo más para posicionarnos para el rebote” –Vern Mikkelsen, alero de los Lakers-
“Nadie metía la maldita bola. Los peores tiradores han sido los que han conseguido más canastas, y los grandes han seguido capturando todos los rebotes” –John Kundla, entrenador de los Lakers-
“Apesta” –George Mikan-
Los números apoyan las críticas de los presentes. Los equipos tuvieron un porcentaje de acierto del 30% en tiros de campo, cuando la media de la temporada superaba el 37%, y aún fue peor en los tiros libres, donde acertaron en un 56% de los lanzamientos cuando lo habitual era un 71%.
Los Milwaukee Hawks no tardaron mucho en quitarse la espina de aquella derrota, y ya con las canastas de toda la vida ganaron dos partidos seguidos a los Baltimore Bullets ... el día siguiente. Sí, no lo han entendido malamente. Tras su regreso de Minneapolis, en su casa les esperaba el último experimento que pondría en práctica la NBA aquella temporada: una doble sesión de baloncesto, con la peculiaridad de que ¡los contrincantes en los dos partidos serían los mismos!.
En una iniciativa sin precedentes en la NBA, Milwaukee y Baltimore jugaron dos partidos que consistieron en 4 cuartos de 10 minutos cada uno, 8 minutos menos de lo habitual. Curiosamente el desarrollo de los encuentros fue idéntico. Baltimore venciendo por 5 y 6 puntos al final del primer cuarto, y Milwaukee dándole la vuelta para acabar venciendo 64-54 en el primero y 65-54 en el segundo. Además, el máximo anotador de los Hawks en ambos partidos fue el exterior Bob Harrison, que consiguió 14 y 18 puntos respectivamente cuando durante toda la temporada promedió 6.
A pesar de la buena aceptación que tuvo este doble choque que presenciaron 12.000 personas, tal y como pasó con el episodio de las canastas, la NBA decidió no volver a repetir el experimento y dejar que el resto de sus partidos se jugaran con las reglas oficiales.
La próxima vez que veamos a algún entrenador NBA que diga que en el baloncesto actual hay menos espacio, y que se deben ampliar los límites del campo o reducir el número de jugadores, podremos replicarle: Sí, y de paso que suban las canastas y se jueguen los partidos de dos en dos.
-Publicado originalmente en enero de 2006 en enCancha.com-
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miércoles, 10 de marzo de 2010
¿Quién dijo... (8)
... "el dinero no va a servir de ayuda. Es muy complicado jugar con Abe Lincoln y George Washington de aleros"
Kevin Loughery, entrenador de los New Jersey Nets, antes de que su equipo quedara último de la competición con un balance de 22-60 en la temporada 1976-77.
Era la primera temporada de los antiguos equipos de la ABA en la nueva competición. Nuggets y Spurs consiguieron entrar con brillantez en los Playoffs, pero los Nets se descolgaron en el fondo de la clasificación. ¿El principal motivo? Económico. Además de los más de 2 millones que tuvieron que pagar de "canon de entrada" (ver artículo de los Hermanos Silna), los Knicks les exigieron más de 4 millones en concepto de "invasión de territorio". El propietario Roy Boe hacía un último esfuerzo tirando de talonario para que la aventura NBA no acabase antes de jugar un partido, pero tanto se tensó la cuerda que se tenía que romper por algún lado.
Julius Erving pidió en septiembre una merecida revisión de su contrato, le quedaban cuatro años de los 7 que firmó por un montante de 1,9 millones $. A Boe no le quedaba más remedio que abrir la puerta a su estrella. Muchos fueron sus pretendientes: Los Lakers, NY Knicks, Milwauke, pero a todos ellos se adelantó el nuevo propietario de los Philadelphia 76ers, que se llevó a la figura más preciada de la ABA después de pagar un traspaso de 3,5 millones $ a New Jersey y otros tantos millones al Dr. J por 6 temporadas.
Y pensar que después de la salida de Erving los periodistas querían consolar a Loughery recordándole el dinero...
Kevin Loughery, entrenador de los New Jersey Nets, antes de que su equipo quedara último de la competición con un balance de 22-60 en la temporada 1976-77.
Era la primera temporada de los antiguos equipos de la ABA en la nueva competición. Nuggets y Spurs consiguieron entrar con brillantez en los Playoffs, pero los Nets se descolgaron en el fondo de la clasificación. ¿El principal motivo? Económico. Además de los más de 2 millones que tuvieron que pagar de "canon de entrada" (ver artículo de los Hermanos Silna), los Knicks les exigieron más de 4 millones en concepto de "invasión de territorio". El propietario Roy Boe hacía un último esfuerzo tirando de talonario para que la aventura NBA no acabase antes de jugar un partido, pero tanto se tensó la cuerda que se tenía que romper por algún lado.
Julius Erving pidió en septiembre una merecida revisión de su contrato, le quedaban cuatro años de los 7 que firmó por un montante de 1,9 millones $. A Boe no le quedaba más remedio que abrir la puerta a su estrella. Muchos fueron sus pretendientes: Los Lakers, NY Knicks, Milwauke, pero a todos ellos se adelantó el nuevo propietario de los Philadelphia 76ers, que se llevó a la figura más preciada de la ABA después de pagar un traspaso de 3,5 millones $ a New Jersey y otros tantos millones al Dr. J por 6 temporadas.
Y pensar que después de la salida de Erving los periodistas querían consolar a Loughery recordándole el dinero...
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miércoles, 3 de marzo de 2010
¿Sabías qué... (8)
... hace algo más de 30 años un jugador de la NBA “descubrió” su vocación después de una tangana?
En la temporada 72-73 se jugaba un partido entre Portland y Chicago. Durante el transcurso del mismo tuvo lugar la típica melé de jugadores enzarzados más propia del Hockey Hielo, golpes que iban y venían de todas las direcciones e incluso el jugador de los Bulls Norm van Lier llevando una silla por encima de su cabeza mientras perseguía al Blazer Sydney Wicks. El combate se saldó con 5 expulsados y 3 jugadores camino del hospital, incluyendo a Jim Price, que necesitó 14 puntos para cerrar la herida de su mano izquierda. Herida causada por el puñetazo que propinó a Dischinger.
Al día siguiente, aparecía en los periódicos la foto del jugador de los Blazers Terry Dischinger, recogiendo un diente del suelo y volviéndoselo a poner en la boca. Un diente de los 5 que le arrebató el puño de Price. Aquella sería su última temporada como profesional en la NBA. En la actualidad Dischinger es dentista en un barrio de Pórtland (ver link). ¿Casualidad? Quién sabe.
En la temporada 72-73 se jugaba un partido entre Portland y Chicago. Durante el transcurso del mismo tuvo lugar la típica melé de jugadores enzarzados más propia del Hockey Hielo, golpes que iban y venían de todas las direcciones e incluso el jugador de los Bulls Norm van Lier llevando una silla por encima de su cabeza mientras perseguía al Blazer Sydney Wicks. El combate se saldó con 5 expulsados y 3 jugadores camino del hospital, incluyendo a Jim Price, que necesitó 14 puntos para cerrar la herida de su mano izquierda. Herida causada por el puñetazo que propinó a Dischinger.
Al día siguiente, aparecía en los periódicos la foto del jugador de los Blazers Terry Dischinger, recogiendo un diente del suelo y volviéndoselo a poner en la boca. Un diente de los 5 que le arrebató el puño de Price. Aquella sería su última temporada como profesional en la NBA. En la actualidad Dischinger es dentista en un barrio de Pórtland (ver link). ¿Casualidad? Quién sabe.
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