miércoles, 27 de octubre de 2010

¿Quién dijo... (19)

... cuando Lenny Wilkens estaba en activo tuve algunos problemas personales con él. Le hice quedar mal unas cuantas veces robándole la pelota, y como por aquel entonces no me callaba ninguna, le picaba diciéndole que no sabía driblar con la derecha. En cuanto me enteré que sería nuestro nuevo entrenador, supe que no duraría mucho en Seattle."

Slick Watts, jugador de los New Orleans Jazz en el momentos de la frase, justamente 35 días después de la llegada de Wilkens al banquillo de los Sonics.

Donald 'Slick' Watts fue un jugador bastante peculiar que pasará a la historia por 2 razones principales:
  • En la temporada 1975-76 se convirtió en el primer jugador en liderar las clasificaciones de balones robados y asistencias, un hito que comparte con sólo otros 3 jugadores: Don Buse (Indiana Pacers 1976-77), John Stockton (1988-89 y 1991-92) y Chris Paul (2007-2008 y 2008-2009). Aunque hay que destacar que los robos no se contabilizaron en la NBA hasta la temporada 1973-74.
  • Watts convirtió la calvicie en una moda, siendo uno de los precursores a la hora de utilizar la cinta (headband) que hoy en día en una de las señas de identidad de muchos jugadores de la NBA.
Este carácter extravagante, con ganas de diferenciarse de los demás, también le hizo llevar el doble cero (00) en su última etapa NBA. El segundo jugador en la historia de la liga en llevarlo, detrás del mítico Robert Parish.


Slick Watts tuvo una carrera bastante breve para alguien que consiguió unos registros individuales tan notables, con un éxito fugaz concentrado entre 1975 y 1977. Llegó y se fue de la NBA sin hacer ruido, por la puerta de atrás. Tras 3 años en la universidad de Xavier con 18 puntos y 3 asistencias de media y una elección All-American de la NAIA (National Association of Intercollegiate Athletics) ningún equipo decidió elegir a este base de 1.85 en el draft de 1973 (un draft con 20 rondas y 211 jugadores) pero tuvo la suerte de que Bill Russell, primo de su entrenador en Xavier, fuera nombrado aquel mismo año entrenador de los Sonics. La leyenda de los Celtics quería construir un equipo prácticamente de cero "Eramos peor que un mal equipo, no teníamos personalidad. Parecíamos una niña en su primera lección de baile siguiendo el ritmo de su compañero" y sorprendentemente aquel base agresivo desarrollaría un papel principal en ese cambio de mentalidad.

4 fueron las temporadas que duró Bill Russell en el banquillo de los Sonics. Siempre alrededor del 50% de victorias en temporada regular consiguió 2 apariciones en playoffs. Sus figuras más destacadas en ataque fueron Spencer Haywood y Fred Brown, mientras que Slick Watts acabó haciéndose un lugar entre los bases más destacados de la competición, liderando a su equipo en minutos y apareciendo 3 años seguidos en el Top 5 de robos y asistencias. Sólo le faltó el reconocimiento de ser llamado por los entrenadores para disputar algún All-Star Game, algo difícil para un jugador de sus características, pero que sin ir más lejos consiguió en 1977 Don Buse. Para más inri, en aquella misma edición Watts se quedó fuera del quinteto titular por 4.200 votos de diferencia. Tampoco fue demasiado afortunado a la hora de firmar contratos con el propietario de los Sonics Sam Schulman, llegando a ser en 1977 el 8º jugador "mejor pagado" de la plantilla con 78.000 $, y las peticiones públicas en prensa de renegociar su salario sólo le sirvieron para que Schulman le reprochara su actitud echándole encima a los aficionados, que por primera vez en 4 años discutían su rendimiento en la pista.

La llegada de Lenny Wilkens mediada la temporada 1977-78 supuso un punto de inflexión muy positivo para la franquicia, que pocos años después conseguiría el único campeonato de su historia. Para Slick Watts significó el comienzo de un vertiginoso declive. Primero se encontró en New Orleans con Pete Maravich como hombre orquesta y apenas resistió media temporada antes de ser traspasado. Nunca supo adaptarse al rol de suplente y en la temporada siguiente en Houston era una misión casi imposible desplazar a Calvin Murphy de la titularidad. En cierta manera le pasó lo mismo que a Allen Iverson en las últimas temporadas. Se veía como un jugador unidimensional en el sentido de que sólo podía rendir al 100% jugando a su manera, en el caso de Watts dirigiendo al equipo y marcando el tempo del partido durante más de 30 minutos. Eso de salir como revulsivo desde el banquillo no iba con él, en su cabeza se sentía desaprovechado.

Y así llegamos a la pretemporada de 1979, cuando tras una pelea con Moses Malone se encaró con el entrenador Del Harris (le irritaba sobremanera que el entrenador se dirigiera a él como "saltamontes") y fue invitado a abandonar la disciplina de los Rockets. Pocos meses después, en octubre, sería uno de los últimos cortados de los New Jersey Nets antes de que comenzara la temporada. Con 28 años aquella fue su última oportunidad en la NBA. Realmente ningún equipo se quería arriesgar a meter en su plantilla a un jugador que entre los distintos General Managers se había ganado una merecida fama de jugador problemático con aires de divo.

Watts se dedicó a disfrutar de la vida unos cuantos meses, con los réditos de su último contrato en Houston. A finales de 1980, cuando empezaba a escasear el dinero, se ofreció (obviamente sin éxito) para ayudar a los Sonics de Lenny Wilkens "Soy la pieza que necesita el equipo". Su particular descenso a los infiernos baloncestísticos le llevaría a probar un par de partidos con los Anchorage Northern Kinghts de la CBA e incluso estuvo unas semanas en Italia sin llegar a debutar en la Lega con el Mecap Vigevano (gracias a Remember por la investigación

Estos fueron sus últimos pasos en el profesionalismo deportivo. Decidió matar el gusanillo de la competición aficionándose al tenis, donde alcanzó un nivel que le permitió disputar algun torneo amateur y ganar en 1981 el campeonato de tenis de jugadores NBA.

Lo que nunca habría imaginado Slick Watts es que el destino le iba a regalar una última oportunidad de despedirse del baloncesto con la cabeza bien alta, recibiendo el cariño de los aficionados. En 1987, diez años después de aquel fallido All-Star, el fin de semana de las estrellas se trasladaba precisamente a Seattle. En la jornada del sábado, de aperitivo a los concursos de triples y mates, Watts sería uno de los protagonistas de aquel Partido de Leyendas que ya en los años 90 sería sustituido por los partidos de novatos. Comparado con el resto de jugadores del partido seguramente él era el que tenía menos méritos para ser catalogado como "leyenda", pero por muchos años que hubieran pasado, nadie se había olvidado de aquel carismático jugador de los Sonics de los 70 convertido a sus 35 años en profesor de instituto. Junto a sus antiguos compañeros Haywood y Brown consiguió derrotar al Este 54-43. Abusando de físico contra rivales como Bob Cousy cerró el partido con 7 puntos y 6 asistencias antes de abandonar la cancha ante la ovación general de la grada. Incluso tuvo tiempo con esta victoria de tomarse su vendetta particular con Pete Maravich que formaba parte del equipo del Este.

La cabra siempre tira al monte, y hoy en día sigue viviendo y enseñando educación física en Seattle, muy lejos de su Mississippi natal. Preguntándose quizás qué fue lo que falló para que su carrera tuviera aquel final, pero orgulloso de sentirse muy querido por aquellos aficionados que disfrutaron de su juego cuando era una estrella capaz de atravesar fronteras, como podemos ver en este anuncio que se publicó en prensa española en 1988.

miércoles, 20 de octubre de 2010

¿Sabías qué... (19)

... existe un doble campeón NBA, medallista de oro olímpico y antiguo recordman de salto de altura?

En los inicios de la NBA no era nada extraño ver jugadores que también fueron profesionales en béisbol. Gente como Chuck Connors, Gene Conley, Dave Debusschere o más recientemente Danny Ainge son buenos ejemplos. Pero el caso de Walt 'Buddy' Davis es muy peculiar, ya que fue capaz de practicar al máximo nivel y lograr los mayores éxitos en ambas disciplinas.

Midiendo 2.03 metros puede parecer que la genética a priori le ayudaba para la práctica del deporte, pero con 8 años tuvo que superar un fuerte contratiempo en forma de una poliomielitis que le paralizó durante más de 4 meses las dos piernas y el brazo derecho. Cuandó llegó al instituto, los problemas de salud ya estaban más que superados y empezó a destacar en atletismo y baloncesto, pero sería en la universidad de Texas A&M donde se dio a conocer. En 1952 llegaría su primer año mágico: campeón nacional de salto de altura universitario, plusmarquista de la AAU (Amateur Athletic Union) y medallista de oro en los Juegos Olímpicos de Helsinki. En la cancha de baloncesto promedió 15 puntos y 10 rebotes que le valieron para ser elegidos en la segunda ronda del draft por los Philadelphia Warriors.

Tras graduarse se fue a trabajar en la petrolera ADA Oil Company con cuyo equipo pudo jugar durante el inverno en la liga de la AAU. Al finalizar la temporada del baloncesto volvió a las pistas de atletismo para conseguir el último reto que le quedaba, que se hizo realidad el 27 de junio de 1953 al saltar 2.12 metros, convirtiéndose en el mejor saltador de todos los tiempos al batir el record de 2.11 metros que nadie había superado desde 1941.

En septiembre de 1953 decidía dar un giro a su vida aceptando la oferta de los Philadelphia Warriors dejando su papel estelar como saltador de altura para convertirse en un jugador de equipo de la NBA. No le fue nada mal como suplente de All-Stars como Bob Pettit, Ed Macauley o Neil Johnston, consiguiendo 2 anillos (Philadelphia 1956 y St. Louis 1958) antes de anunciar su retirada definitiva del deporte en octubre de 1958.

Pese a triunfar en todo lo que se propuso, a Walt Davis siempre le quedó la espina clavada de no haber saltado 7 pies de altura (2.13 metros). Y es que los campeones son insaciables.





miércoles, 13 de octubre de 2010

Porky Vieira: El portugués que más cerca estuvo de la NBA

¿Cuánta gente ha visto un gancho a 2 manos desde la esquina? ¿O un tiro sin suspensión desde medio campo? ¿O a Porky robando el balón a la estrella de los Globetrotters Marques Haynes? Florindo “Porky” Vieira es una auténtica leyenda viva y merece todos los elogios que recibe –John Carusone-

Hace más de medio siglo el racismo estaba a la orden del día en la sociedad americana. Pero los problemas no acababan en el color de la piel. Por ejemplo, el barrio de Hollow en Connecticut, estaba habitado por una gran colonia de familias trabajadoras de inmigrantes irlandeses e italianos. No es que sintieran un gran aprecio los unos por los otros, pero al menos se soportaban. A finales de los años 30, llegaron al barrio 5 familias portuguesas, y en el seno de una de ellas aparece el protagonista de nuestra historia, Florindo Vieira.

Los recién llegados pasaron a ser el blanco de las iras de los habitantes del lugar. Era la manera que tenían de defender el status social que habían alcanzado. Los niños portugueses pasaron a ser The Little Portagee Bastards. El pequeño de los hijos de los Vieira, no se achantaba. Desde muy pequeño, día tras día, defendía su etnia, y a base de partir labios y amoratar ojos se fue ganando el respeto del barrio y dejó de ser un Portagee Bastard, para convertirse primero en Portee, y finalmente en Porky, el apodo que le ha acompañado en los últimos 65 años de su vida.

Un día, su hermano Gus decidió que llevaría al pequeño Porky al Middle Street Boys Club (el centro recreativo del barrio). Que mejor manera de reconducir la agresividad del chico que encaminarlo por la senda del deporte. Ninguno de los dos sospechó en ese momento que aquel lugar se convertiría en el segundo hogar de Porky.

“Mira a ese chico” –le dijo su hermano Gus señalando a Ernie Petrucciano, que estaba jugando a baloncesto- “Quizás si actuases más como él no te meterías en tantos líos”

Mientras el deporte se convertía en su válvula de escape, curiosamente Porky y Petrucciano se acabaron convirtiendo en compañeros inseparables dentro y fuera de las pistas, siendo incluso padrinos de sus respectivas bodas. Durante más de una década fueron compañeros de equipo tanto en baloncesto como en béisbol. Desde la escuela primaria hasta que se graduaron en la universidad.

El primer paso de sus trayectorias fue de gigante. Con 12 años eran las estrellas del equipo de 40 kilos del Boys Club. En aquellos años más que por edades, los equipos más jóvenes se clasificaban por peso. Su misión era competir contra otros equipos de su categoría en los descansos de los partidos de la NBL. Apenas eran 8 minutos de juego, pero Porky ya en aquel entonces conseguía anotar 14 puntos con facilidad, a la vez que veía cumplido el sueño de jugar en canchas míticas como el Boston Garden o el Madison Square Garden.

Teniendo en cuenta su peso en aquellos años, nos podemos hacer una idea de que tanto Porky Vieira como Ernie Petrucciano no llevaban camino de ser unos pívots de 7 pies, más bien todo lo contrario. Petrucciano acabó siendo el más pequeño de los 2, quedándose en 1,60 m. Porky creció un poco más, pero no mucho, para quedarse en 1,65 m. Sus manos siempre fueron muy pequeñas, y el balón en ellas parecía como una pelota de playa en las manos de un bebé. Para superar esta desventaja, Vieira basaba su juego en una velocidad endiablada, que en aquellos años sorprendía mucho, llegando a ser comparado con el demonio de Tasmania. El hándicap del tiro dejaría de ser un problema como veremos más adelante.

Llegamos a su época de instituto, con los Hilltoppers de la Central High School, uno de los mejores equipos del estado de New England. En su primera temporada, Porky pasó bastante desapercibido. Se podría decir que el gran cambio de categoría unido al fuerte ambiente en los pequeños gimnasios de los rivales, asustó a un Porky que hasta aquel momento había superado todos los retos que le planteaba la vida. Estaba claro que esto no iba a quedar así. Se pasó todo el verano encerrado en el Boys Club practicando casi siempre en solitario sus poco ortodoxos lanzamientos, con maratonianas sesiones de 8 o más horas, y muchos días en los que el termómetro rebasaba la barrera de los 40 grados. Este trabajo daría sus frutos, y la siguiente temporada fue la mejor a nivel colectivo de su etapa de instituto. A pesar de ser un sophomore, Porky se convirtió en el sexto hombre de un equipo que acabaría ganando el campeonato estatal de New England en el Boston Garden.

Estos éxitos no hicieron más que animarle a no cesar en su esfuerzo. En el horizonte le esperaba el reto de liderar a un equipo campeón que veía como sus 5 seniors titulares acababan su etapa escolar. Tras otro verano de tortura en el Boys Club, Porky siguió con su gran progresión, promediando más de 16 puntos, apareciendo en el quinteto ideal del estado y además llevando a su equipo hasta semifinales, donde cayeron por un punto.

Su última temporada en High School fue el verdadero punto de inflexión, el inicio de su leyenda. En uno de los primeros encuentros, en cancha de Norwalk, anotó 41 puntos para machacar el viejo record estatal de 32. A partir de ese día se mostró imparable, consiguiendo más de 30 puntos en 13 de los últimos partidos. Todo el mundo quería ver al nuevo fenómeno, las canchas se llenaban 2 horas antes del comienzo e incluso la prensa local llegó a destacar como titular el hecho de que Porky sólo anotara 25 puntos en un partido.

Esta demoledora capacidad de anotación no bastó para llamar la atención de las universidades. Todas se mostraban reacias del rendimiento que tendría, sobre todo en defensa, un escolta de 1,65 metros y apenas 60 kilos. Porky Vieira acabó entrando en el modesto Arnold College, pero lo abandonó rápidamente para trabajar en la industria metalúrgica de Bridgeport.

Cuando parecía que el destino lo alejaba de la senda del baloncesto, apareció Tuffie Maroon, entrenador de la universidad de Quinnipiac, que en 1953 ofreció 2 becas completas a Porky y a su inseparable Petrucciano. Desde el primer día Porky comenzó a reescribir la historia de esta universidad, y a base de meter una canasta tras otra consiguió que compartiesen notas de prensa con las grandes potencias de la NCAA de la época. Como novato promedió 37,1 puntos, segundo en todo el país sólo detrás de un viejo conocido nuestro como Bevo Francis, que anotó más de 47 en aquel año mágico.

En las dos siguientes temporadas sus medias bajaron hasta los 29/30 puntos para volver a subir en su año señor, cuando mantuvo una lucha cerrada con Ken Hammond (jugador de West Virginia Tech) por conseguir el galardón de máximo anotador. Al final Porky repitió segunda plaza ¡por 1 punto!, o lo que es lo mismo, 3 centésimas de media: 34,89 a 34,86.

Aquella temporada apareció en la prestigiosa lista de nominados al premio de All-American, y en el quinteto ideal Small-America en el que se incluían los mejores jugadores de menos de 1,80 metros.

En el global de aquellos 4 años que pasó en Quinnipiac, Porky Vieira consiguió 2.649 puntos, y hoy en día sigue conservando la mayoría de los records anotadores de la universidad, incluyendo el de más puntos en un partido (68) que anotó el 3 de febrero de 1957 frente a Brooklyn Poly. Además su número 44 es la única camiseta que ha retirado su universidad, y tambien es miembro del Hall of Fame de Quinnipiac y del Hall of Fame de baloncesto de New England.

Pero posiblemente la nominación que le hizo más ilusión fue su elección para disputar con el equipo del Este el All-Star Game de la NCAA de 1957. De esta manera, Porky se convertía en el primer jugador de una “small-school” en participar en este evento. Era la oportunidad de su vida. En el Madison Square Garden y televisado a nivel nacional por la CBS. Se podría enfrentar a los mejores del país y demostrar su verdadero nivel. En los entrenos previos dejó boquiabiertos a sus adversarios, pero una lesión en una pierna el día antes del partido le impidió jugar en aquel partido y mostrar a los ojeadores su talento anotador. Sin duda alguna una de las mayores desilusiones de su vida.

El siguiente año 10 de aquellos 20 jugadores estaban en la NBA. 17 al menos fueron drafteados... y Porky formó parte de los otros 3.

No fue un draft que pasara a la historia por la calidad de sus jugadores. En aquel All-Star los más destacados eran los pívots Charlie Tyra y Jim Krebs, pertenecientes a las universidades de Louisville y Southern Metodist respectivamente. Tyra apenas aguantó 5 años en la liga con 9 puntos de media entre los Knicks y los Chicago Zephyrs. Krebs jugó con los Lakers en Minneapolis y en LA, y aunque estadísticamente su rendimiento no fue mucho mejor que el de Tyra, llegó a las finales del 62 y del 63 que en ambas ocasiones perdieron frente a los Celtics. En 1964 se retiró del baloncesto al aceptar un trabajo en la banca, aunque la tragedia le arrebató la vida el 7/5/65 al morir aplastado por un árbol que estaba talando junto a un vecino.

Estaba claro que a pesar de no poder alcanzar la NBA, por el momento Porky Vieira quería seguir disfrutando del baloncesto. En una temporada normal de NCAA disputaba unos 20-25 partidos entre los meses de diciembre y febrero, por lo que siempre le había quedado mucho tiempo libre para jugar con diferentes combinados en ligas locales y en partidos de exhibición. Con los Rialtos, los Sylvans, Savoy o incluso con los Porky All-Stars es donde su leyenda alcanzó las cotas más altas. Si hubiera nacido medio siglo después, seguramente se habría convertido en una leyenda del streetball.
De sus increíbles gestas y anécdotas podemos destacar cuando consiguió el record anotador de la Liga Profesional de Connecticut con 78 puntos, para superarlo la noche siguiente con 89. O el día que tuvo que jugar con un parche en un ojo por culpa de una fuerte herida y anotó 49 puntos.

También tuvo la ocasión de jugar contra grandes jugadores de la época y poder sacarse la espina de aquel maldito All-Star. Una vez consiguió vencer a todo un Wilt Chamberlain 38 a 33 en un partido que acabó convirtiéndose en un duelo particular entre ellos dos; frente al combinado de estrellas de Goose Tatum anotó 55; en un partido de exhibición 27 contra los Knicks; o el día que se enfrentó a Hot Rod Hundley y metió 28 puntos al descanso. Simplemente era un anotador nato. Podía encestar contra cualquiera.

En alguna ocasión el tren del baloncesto de gran nivel se volvió a cruzar en su camino. Los Harlem Globetrotters le ofrecieron un contrato para jugar “contra ellos” formando parte del eterno equipo perdedor, e incluso los Lakers también quisieron contratarlo para promocionarlo como el jugador profesional más bajo de la historia. Pero a Porky no le gustaba este enfoque comercial del baloncesto, no quería ser simplemente una atracción de feria, así que encaminó su futuro por la rama de la enseñanza. Primero estuvo varios años como profesor de gimnasia en el St. Anthony’s High School de Connecticut, para después pasar a ayudante del entrenador de baloncesto de la universidad de New Haven.

En 1963 el entrenador de béisbol de la universidad abandonó su cargo, y el puesto fue a parar a manos de Porky Vieira, que paradójicamente ha conseguido con este deporte toda la fama que el baloncesto le negó. Acordó con el decano que a partir de ese momento se convertiría en Frank Vieira, ya que ni su nombre de pila (Florindo) ni su ya habitual Porky impondrían respeto a sus alumnos.

El 30 de junio de este año 2006, se ha hecho oficial su retirada como entrenador jefe de la universidad de béisbol de New Haven. Ya no se volverá a sentar en el banquillo del Frank Vieira Field, actual nombre del estadio de béisbol de esta universidad. Atrás ha dejado 44 exitosas temporadas. Tan sólo en 2005 no consiguió que su equipo finalizase con un balance positivo de victorias/derrotas. Sus números totales en estos años son abrumadores: 1.127 victorias, 324 derrotas y 6 empates, consiguiendo ser el entrenador con mejor porcentaje de victorias en toda la historia de la segunda división de la NCAA.

25 presencias en el torneo de la NCAA, 17 World Series, 2 subcampeonatos y un total de 82 jugadores profesionales. Pero el registro del que está más orgulloso es el 0. Cero es el número de veces que él o uno de sus jugadores han sido expulsados del diamante de juego en todos estos años por conducta antideportiva.

Quizás tenga algo ver con este número el hecho de que Frank Vieira, ha sido durante muchos años árbitro oficial de la NCAA de baloncesto. Y es que por mucho que el béisbol haya marcado su vida, a nadie se le olvidan sus orígenes.

- Artículo preparado en 2006 para el programa de radio Basketaldia, posteriormente publicado en enCancha.com y traducido en la web portuguesa www.planetabasket.pt -

miércoles, 6 de octubre de 2010

¿Quién dijo... (18)

... "fue en casa, en Albany (Georgia). Todos mis hermanos estaban allí. Era mi cumpleaños."



Caldwell Jones
, pívot de los Philadelphia 76ers, contestando a un periodista del Chicago Tribune sobre si era capaz de recordar cuando recibió su última ovación.

No debía ser sencillo para un especialista defensivo como Caldwell Jones disfrutar de un minuto de gloria en un equipo tan cargado de egos (Julius Erving, World B. Free, George McGinnis) como los Sixers de la temporada 77-78. Y por si fuera poco, compartiendo rotación con Darryl 'Baby Gorilla' Dawkins.

"Darryl les da a los fans lo que quieren. Y yo estoy contento por él. Nunca he sido el centro de atención, simplemente hago mi trabajo"

miércoles, 29 de septiembre de 2010

¿Sabías qué... (18)

... tras la fusión de la ABA y la NBA en 1976 hubo un draft para repartir los jugadores de los 2 equipos desaparecidos?

A mitad de junio se confirmaba la fusión ABA-NBA. Después de cerrar los acuerdos con Kentucky y Saint Louis (ver artículo de los hermanos Silna) y la "indemnización territorial" de 3 millones que debían pagar los Nets a los Knicks, el "Dispersal Draft"apareció como uno de los últimos puntos de la última reunión, y que incluso acabó provocando el único voto de los 18 equipos NBA en contra de la fusión (Sam Schulman, propietario de los Sonics).
  • En el draft sólo iban a aparecer los jugadores de St. Louis Spirits y Kentucky Colonels. Se desestimó que también estuvieran disponibles los derechos de los jugadores de las 3 franquicias desaparecidas en la última temporada de la ABA: San Diego Sails, Utah Stars y Virginia Squires.
     
  • Los 18 equipos NBA podrían elegir en este draft, ordenados por menor número de victorias. La idea inicial era que los 4 equipos de la ABA también pudieran participar, pero acabaron cediendo este privilegio en las negociaciones.
     
  • Se respetaban los contratos y plantillas en vigor de la ABA, de tal manera que los equipos NBA perdían los derechos de draft sobre los jugadores ABA con contrato.
     
  • Los equipos de la NBA debían asumir los contratos ABA de los jugadores que eligiesen en el draft.

  • Un comité de directivos de ambas competiciones fue el encargado de tasar el precio de compra de cada jugador. El dinero recaudado "Dispersal Draft Fund" se repartiría entre la NBA y la ABA, utilizándolo esta última para pagar los contratos en vigor de los jugadores que no salieron elegidos en el draft y como parte de los 3 millones de canon de entrada que cada equipo debía pagar a la NBA.

  • El draft se acabó celebrando el 5 de agosto de 1976. Estaba previsto a un máximo de 3 rondas, pero una vez que salieron elegidos los nombres importantes (Gilmore, Lucas, Boone, Barnes y Malone) apenas hubo interés. 11 jugadores salieron en primera ronda, y sólo Mike Barr fue elegido en la segunda, siendo su precio el más bajo al reducirse el valor de salida de 15.000 $ en un 15%.
  • Artis Gilmore salió el número por los Bulls a pesar de unos rumores que se extendieron sobre unas supuestas dolencias cardíacas. Red Auerbach lo definió como el jugador más cercano a Bill Russell que había existido.

  • 5 de los 8 jugadores no elegidos en el draft de dispersión jugaron en la NBA durante la temporada 1976-77. Los más destacados fueron Johnny Neumann, Freddie Lewis y Steve Green.

  • Hubo otros 5 jugadores que pertenecieron a St. Louis o Kentucky que fueron excluidos de la lista definitiva del draft de dispersión. Caldwell Jones y M.L. Carr habían firmado acuerdos con equipos NBA (Philadelphia y Detroit respectivamente) antes de que se acordase la fusión en junio. Los 3 restantes Don Chaney, Kevin Joyce y Jim McDaniels fueron declarados como agentes libres durante las negociaciones de la fusión. Tanto Chaney como McDaniels acabarían jugando en la NBA.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Desenterrando el primer partido internacional de la NBA

Muy escondido en la web de la NBA podemos encontrar en esta página http://www.nba.com/europelive/intl_games.html (que hace años que no actualizan) una buena relación de los partidos amistosos y oficiales que han jugado los equipos NBA fuera de su país. Si nos fijamos con atención podemos observar que en varias ocasiones se han jugado partidos de regular season en Japón, y también que en 1997 se jugó en México. Para Europa ya se ha anunciado que esta temporada Londres sera la sede de dos partidos que enfrentarán a los Toronto Raptors y a los New Jersey Nets los días 4 y 5 de marzo de 2011. El dato que está omitiendo la NBA es que ya en la década de los 50 se jugó el primer partido internacional en Canadá, obviamente no podían ir mucho más lejos, pero que yo sepa Canadá no pertenece a ninguno de los 50 Estados Unidos.

La relación del baloncesto profesional con Canadá empezó mucho antes de la llegada de los Toronto Raptors y los Vancouver Grizzlies a la competición en 1995, incluso antes de la existencia de la NBA como competición. Habría que remontarse a 1946, cuando se inició la primera temporada de la BAA (Basketball Association of America) que contaba con los Toronto Huskies entre sus 11 equipos participantes. De hecho en el Maple Leaf Gardens de Toronto se celebró el primer partido de la competición con victoria de los Knicks 66-68. Los Huskies abandonaron la competición al finalizar la temporada con un balance de 22-38 empatados con los Celtics en la última plaza de la Conferencia Este.

Winnipeg es la capital de la provincia de Manitoba, y una de las ciudades con mayor población de Canadá. Está situada a poco más de 600 kilómetros al norte de Minneapolis. Hasta allí se fueron a jugar un 8 de enero de 1957 los Minneapolis Lakers y los Fort Wayne Pistons. Aunque se trataba de la primera salida fuera de las fronteras del país, era muy habitual en las primeras décadas de la NBA el hecho de jugar partidos oficiales en territorio neutral. Era tan frecuente que hasta mitad de los 70 el balance de victorias/derrotas de los aparecía desglosado en partidos como local, visitante o neutral. Los Lakers llegaban a la cita canadiense en horas bajas como colistas de la conferencia Oeste y los Pistons algo mejor con un balance de 17-16.

Los equipos llegaron aliviados al Winnipeg Arena (había temperaturas de 27 grados bajo cero en el exterior) pero se encontraron con una gran sorpresa: el campo era de cemento.

"Los espectadores se han quedado sin ver las mejores jugadas porque apenas se podía driblar, necesitan un suelo de madera. A ratos sólo ha sido un concurso de tiro" -Charlie Eckman, entrenador de los Pistons-

Los 5.841 aficionados que acudieron al encuentro, casi el triple de los habituales en Minneapolis, quedaron satisfechos con el espectáculo, que acabó en una emocionante victoria de los Pistons 87-86. George Yardley fue el máximo anotador con 23 puntos, a pesar de jugar toda la segunda parte con un fractura en la cara fruto de un codazo en la lucha por un rebote.

Curiosamente, casi 10 años después, Lakers y Pistons se volvieron a ver las caras en el país vecino. El 30 de octubre de 1966 los Pistons vencían 124-121 a unos Lakers que para desilusión de los aficionados acudieron con las bajas por lesión de Jerry West y Elgin Baylor.

En la década de los '70 se jugaron los últimos partidos (al menos de lo que he podido investigar hasta ahora) en Canadá, todos ellos en Toronto. Un Lakers-Cincinnati en 1971 y 10 partidos de los Buffalo Braves, 9 de ellos en la temporada 73-74.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

¿Quién dijo... (17)

... "se ha notado que mi despedida de soltero fue ayer por la noche?

Jerry Stackhouse, tras una espectacular serie de 6-22 tiros en la víspera de su boda.

Después de la victoria de los Pistons 106-93 contra los Chicago Bulls de Tim Floyd (uno de los equipos más débiles de la última década) Stackhouse relajado se confesaba con los reporteros en los vestuarios del Palace de Auburn Hills. El "malentendido" fue que el departamento de prensa se había adelantado justificando con la nevada de aquel 23-12-2000 el retraso de 3 de sus jugadores. Joe Smith llegó a las 6:30 mientras que Michael Curry y el propio Stackhouse aparecían en el pabellón cerca de las 7. Lo normal para un encuentro que iba a comenzar a las 7:30 era llegar a las 6, pero por lo visto las despedida de soltero pre-navideña se alargó más de la cuenta.

La otra rajada de aquel partido fue protagonizada por Ron Artest:

"Este aficionado se estaba portando como un tonto. Estaba perdiendo muchos balones y me encontraba frustrado, enfadado conmigo mismo, y todas estas emociones tenía que soltarlas de alguna manera."

En medio del partido Artest se puso a gritarle (nada bonito) a aquel fan, golpeando la mesa de anotadores y pegándole un puntapié a una silla antes de ser detenido, en lo acabaría siendo un "entreno" de la pelea entre Indiana-Detroit que acontecería 4 años más tarde en aquel mismo escenario.