miércoles, 21 de julio de 2010

Senda Berenson: La pionera del Smith College

6 de marzo de 1892

Querida madre,
El viernes por la tarde en la clase de Gimnasia de la Señorita Berenson hicimos un juego en vez de los ejercicios habituales. Con dos papeleras colgadas, una a cada extremo del gimnasio, un metro por encima de nuestras cabezas. El objetivo es conseguir que la pelota entre en la cesta de tu oponente y evitar que entre en la tuya. Fue muy divertido y emocionante, a pesar de que mi equipo tuvo la mala suerte de ser derrotado.


Te quiere, Josephine.



La señorita Senda Berenson era la directora de educación física del Smith College de Northampton en Massachusetts. Su infancia no fue nada fácil. Originaria de una pequeña comunidad judía de Vilnius (Lituania), en 1875 con 7 años llegaba junto a sus padres y sus 4 hermanos a Boston. Allí dejaron atrás su pasado, y pasaron de ser la familia Valvrojenski a convertirse en los Berenson. Se perdió varios cursos en su etapa escolar por una extraña enfermedad que le impedía estar sentada durante un tiempo continuado. No fue un motivo de especial preocupación para los Berenson, la debilidad de su hija encajaba en el estereotipo de la mujer de finales del Siglo XIX, eran el sexo débil, frágiles, dependientes de los hombres. Pero Senda elegiría una camino muy diferente al que tenía preestablecido. Después de estudiar piano en el conservatorio de Boston, en 1890 se apuntó al Normal School of Gymnastics. Allí además de desarrollar su fuerza y resistencia, cursó estudios de educación física, lo que le valió en enero de 1892 para convertirse en la primera directora de educación física del Smith College. Esta institución privada femenina, sigue siendo hoy en día uno de los centros académicos mejor valorados de Estados Unidos.

Un artículo que leyó en la publicación Physical Education en el cual el profesor James Naismith describía las bonanzas de un nuevo juego que acababan de poner en práctica en el vecino YMCA de Springfield despertó la curiosidad de Senda Berenson, que decidió visitar a su compañero y finalmente importar la idea del baloncesto al Smith College, como hemos podido leer en la carta que encabeza esta historia.
No sería hasta un año más tarde cuando se disputaría el primer partido. Tras varias semanas de entreno durante el invierno, el 22 de marzo de 1893 se enfrentaron las sophomores (chicas que cursaban su segundo año con vistas a graduarse en 1895) contra las freshmen (las chicas de primero que se tenían que graduar en 1896). Frente a un público de 800 mujeres (los hombres tenían la entrada vetada), tras dos partes de 15 minutos el resultado fue de 5-4 a favor de las "veteranas". El éxito de este partido de prueba no tenía discusión, de hecho fue el primer duelo en una larga tradición freshman-sophomore, pero al mismo tiempo se confirmó uno de los principales miedos que tenía Berenson:

"El gran deseo de ganar y la excitación del partido provocaron que nuestras mujeres hicieran cosas muy poco femeninas"

Espoleadas por los gritos histéricos de sus compañeras en las gradas, la prensa definió el partido como una "atmósfera de disturbios", las jugadoras corrían alocadas y golpeaban sin miramientos la pelota (y lo que se terciara) para recuperar la posesión. Senda decidió en aquel momento que las normas de Naismith necesitaban un retoque para adaptarse a las féminas.


El cambio más drástico fueron 2 líneas paralelas a las de fondo que dividían la cancha en 3 áreas de igual tamaño. En cada una de estas zonas había dos jugadoras por cada equipo (o tres como se puede apreciar en la imagen), con la movilidad reducida a sus respectivas zonas. Es decir, el juego quedaba dividido en atacantes, medios y defensoras. El dribbling también estaba limitado a 3 botes como máximo antes de tener que pasar o lanzar a canasta, y 3 era también el tope de segundos que una jugadora podía mantener la posesión.
La permisividad en defensa también se vio muy reducida. No se podía arrebatar el balón de las manos de una rival y tampoco estaba permitido el más mínimo contacto con el cuerpo de las adversarias a la hora de presionar.



En 1899 se formó un comité para crear las reglas oficiales del baloncesto femenino basándose en las modificaciones introducidas por la profesora Berenson, que a su vez fue la encargada de editar y revisar hasta 1917 la Women's Basketball Guide publicada por la compañía Spalding. Al final, unos cambios que ahora nos pueden resultar tan arcaicos fueron determinantes para la continuidad del deporte hasta bien entrado el Siglo XX. Más de cuatros décadas sobrevivieron estas reglas, en 1938 se acordaba reducir las tres zonas de juego a dos, y hubo que esperar hasta 1971 para que se igualara con el baloncesto masculino con el 5 contra 5 en todo el campo y el reloj de tiro. De todas maneras, en algunos estados como Oklahoma o Iowa se siguieron disputando competiciones de instituto con las "normas primitivas" del 6 contra 6 hasta mediados de los 90.

En 1985 se reconocieron las aportaciones de Senda Berenson al ser elegida para formar parte del prestigioso Basketball Hall of Fame. Junto a las entrenadoras Berta Teague y Margaret Wade, fueron las tres primeras mujeres que recibieron tal distinción.

Pero una vez que llegamos al final de la historia, cabe preguntarnos qué pasó finalmente con aquella intención primaria de la adaptación de las reglas, dotar de una mayor femineidad al baloncesto


"A la conclusión del encuentro las sophomores de 1896 vencían a las freshmen de 1897 por 13 a 7, y su capitana Litz Dustin era levantada a hombros por sus compañeras ante el regocijo de la sección violeta de las gradas que aplaudía y agitaba sus banderas. [...] Como la señorita Berenson no permitía que gritasen en el gimnasio, las jugadoras provocaban a sus rivales con trozos de canciones, como el cántico de la victoria de las sophomores:"


Sing a song of triumph, girls,
sing it with a will,
Lend your voices one and all,
until the rafters thrill,
Show your team you're proud of them,
reward their arduous drill
For we have won the ball game.


Cantemos nuestra canción de victoria, chicas,
cantémosla con determinación,
juntemos nuestras voces al unísono,
hasta que tiemblen los cimientos,
mostremos a nuestro equipo que estamos orgullosas de ellas,
recompensemos su laborioso ejercicio,
que hemos ganado el partido de baloncesto. 


-Boston Daily Globe, 18 marzo 1894-

Quedaba demostrado que por mucho que se modificasen las reglas, nunca se podría luchar contra la competitividad, la esencia del deporte.

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